En Opinion De: Joaquin Olea

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El 1 de julio de 2018 se dio un cambio en el paradigma electoral tradicional de México. Durante la elección presidencial de ese año, que se veía competida debido al hecho de que todas las instancias electorales federales estaban cooptadas por el Partido Revolucionario Institucional, que tenía en su poder la Presidencia de la Republica y el resto de las instituciones gubernamentales, y que siempre se había caracterizado por jugar sucio, sin importarle violar leyes electorales, jurídicas o morales.

La gran sorpresa, ese primero de julio, fue que el emergente Movimiento de Regeneración Nacional, conocido como Morena, avasallo, en su primera elección presidencial, a los candidatos, tanto del Partido Revolucionario Institucional como del Partido Acción Nacional. Sus principales adversarios.

Las razones de semejante triunfo ya han sido exhaustivamente analizadas. Las principales: el hartazgo de la gente con las políticas neoliberales de los gobiernos panistas y priistas y el que tuvieron un inmejorable candidato presidencial.

Sin embargo, el arrollador triunfo del 2018 no se reflejó proporcionalmente durante la pasada elección de 2019. Aunque Morena gano dos de las gubernaturas en disputa, lo hizo de forma muy apretada. En lugares donde hubo elecciones para congresos locales Morena no logro obtener la mayoría legislativa en varios de esos congresos. En total perdió, nacionalmente, más de siete millones de votos con respecto a 2019.

Tamaulipas no fue la excepción. De 22 posiciones legislativas, Morena solamente gano una de mayoría relativa. Gracias al total de votos obtenidos se le adjudicaron 9 de representación proporcional. Integrando inicialmente una fracción con 10 representantes en el congreso.

Pero, inmediatamente entra en acción la maquinaria corrupta y corruptora del gobierno panista de Tamaulipas. Mediante falaces negociaciones, con el otorgamiento de generosos estipendios y remuneraciones económicas, la mayoría panista logra hacer más grande su mayoría cooptando 7 diputados de Morena para apoyar las iniciativas enviadas al congreso por el señor gobernador.

Solo 3 de los 10 diputados morenistas tamaulipecos se han mantenido firmes en la defensa de los ideales Lopez-Obradoristas y la doctrina de la 4T, CarmenLilia Canturosas, Leticia Sánchez Guillermo y Rigoberto Ramos Ordoñez.

Su lealtad a la 4T y al partido que los postulo los está haciendo pagar un precio muy alto. A CarmenLilia Canturosas el capataz que tiene el gobernador como líder del congreso, Gerardo Flores Peña, la desconoció como líder de la fracción de Morena estatutariamente adjudicado por la Presidencia Nacional del partido. Otorgando dicho liderazgo a una “morenista” de las que Acción Nacional tiene en nómina.

Por su parte, Rigo Ramos ha sido sometido a una especie de “terrorismo legislativo”. Los amanuenses del panismo han llegado al perverso grado de cerrarle el micrófono, apagando el sonido, cuando se encuentra en tribuna denunciando la corrupción de los diputados panistas y del gobierno tamaulipeco.